Prostitutas publico relatos eroticos de prostitutas

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Les volví a decir que yo solo estaba esperando a mi novio, pero ellos me dijeron que me callara y que como no les hice caso, me llevarían a los separos; todavía les dije que eso era un atropello y que en cuanto pudiera los iba a denunciar a sus jefes o a derechos humanos. Uno de ellos me dijo que me callara o me harían arrestar por desacato. Hicieron ruido con la sirena y un policía abrió al portón, entramos y vi que era una especie de bodega vacía; había otras dos patrullas estacionadas a un lado y supuse que estaríamos en los mentados â??

Nos detuvimos y los polis se bajaron; otros cuatro policías se acercaron y saludaron a los que iban conmigo; luego el que me había subido a la patrulla regresó y me abrió la portezuela; me ordenó bajarme y lo hice, notando como todos ellos miraron hacia mi entrepierna cuando salí de la patrulla. Le dije que no me importaba, pero que me llevaran a donde fuera necesario. Ellos empezaron a ponerse serios y uno me dijo: Me quedé perpleja de escucharlo, pero pensé que la primera opción era mejor, de todos modos estaba sola con esos seis tipos que se decían representantes de la ley y en cualquier momento podrían hacerme algo; así que respondí: A ver, primero date una vuelta, queremos verte bienâ?

Abrí la boca e introduje el falo del individuo en ella; cerré los ojos y lo chupé como Gerardo me había enseñado; escuché unos gritos como de triunfo de los policías y al que se lo chupaba comenzó a gemir y a decirme: Una vez que el individuo terminó, me hicieron moverme hacia la derecha, donde ya otro me esperaba con los pantalones abajo y su falo erecto; tuve que hacer el mismo trabajo que con el anterior, le chupé el falo hasta que se vino y luego pasé al siguiente; pensé que si se los tenía que chupar a los seis para que me dejaran libre, sería sencillo; aunque ya la quijada se me empezaba a cansar.

Uno de ellos se acercó a mí y me ayudó a levantarme; empezó a quitarme las esposas y supuse que ya me dejarían ir; pensé en quede inmediato le hablaría a Gerardo, pues mientras yo chupaba un falo escuché sonar mi celular desde la bolsa. Pero cuando él terminó de quitarme las esposas me dijeron: Me les quedé viendo sin saber que hacer, les dije que no y el que siempre hablaba me dijo: Quítatela ahora o te la quitamos nosotros putaâ?

Deseé con toda mi alma que solo quisieran verme desnuda y que se conformarían con eso. Empecé a desvestirme despacio; me quité el vestido mientras ellos aplaudían y casi babeaban. Quedé en ropa interior y me dijeron que me la quitara también; les pedí que ya me dejaran ir y uno de ellos dijo: Ya estuvo, muchachos encuérenla y llévenla así a la delegación; dicen que así la encontraronâ? Me desabroché el sostén y lo dejé caer al suelo junto con el vestido; con un brazo me tapé los senos mientras me quitaba los zapatos y las medias; ellos ya no hacían ruido, pero noté sus miradas morbosas sobre mis curvas.

Los miré tratando de que se apiadaran de mí, pero sus miradas frías me decían lo contrario; solo me quedaba la mini tanga que me había puesto para que Gerardo se emocionara; pero al verlos supe que también me la tendría que quitar. Choqué contra la pared; me arrinconaron y uno de ellos me mostró unas esposas.

Al principio sentí un poco de dolor, pero poco a poco se fue transformando en placer. Fueron varios minutos que él estuvo con su mete-saca que me hizo sentir un placer mayor al que yo había sentido con Gerardo.

Unos momentos después, yo estaba a punto de venirme cuando el poli con un gran grito soltó sus descargas de semen dentro de mí. Lo irónico del asunto es que yo ya estaba deseando que el siguiente entrara, para poder terminar y aunque sabía que los seis iban a pasar por mí, en ese momento el placer dominaba todo mi ser, detal manera que cuando el siguiente me penetró empecé a moverme al mismo ritmo que él para poder venirme.

Unos minutos después lo logré; por fin tuve un profundo y delicioso orgasmo que me hizo sentir que valió la pena el haber satisfecho a los polis. De nuevo me mordí los labios, pero esta vez para que no escucharan mis gritos de dolor. No se detuvieron, el poli entró y salió de mi durante un buen tiempo hasta que también soltó toda su leche dentro de mí.

Todos se vinieron dentro de mí y mi vagina quedó muy rozada; me ardía bastante cuando ellos me quitaron las esposas. Les pregunté que hacían y me dijeron que ya nos íbamos, pero que me sacarían de allí como llegamos. No quedé muy convencida, pero tuve que aceptar sus argumentos. Me callé, pero seguí nerviosa. Hubiera querido tomar mi celular y llamar a Gerardo, pero mi bolsa estaba en el piso de la patrulla y el teléfono adentro; era imposible sacarlo.

Un poco después llegamos a un edificio donde había varias patrullas afuera; nos estacionamos y ellos bajaron; uno me abrió la puerta y me sacó mientras otros polis que estaban allí les decían: De nuevo todos los hombres me miraron con morbo mientras el poli me abrió paso hasta un mostrador y allí nos detuvimos.

Un señor casi pelón, flaco, chaparro y con unas gafas que se sostenían de su prominente nariz con traje y sin corbata se levantó de un escritorio y le preguntó al poli: Con la novedad, Licenciado que encontramos a esta prosti ejerciendo en lugar prohibido; se le recomendó apartarse del lugar, pero en cuanto nos alejamos volvió a la esquina y tuvimos que traerla; se resistió al arresto y utilizó palabras altisonantes en contra de mi pareja y yoâ?

Mientras el decía todo eso, el tal Licenciado me recorría de arriba abajo con la mirada y no disimulaba su morbo, deteniendo su vista en el escote de mi pecho y luego viendo mis piernas, también durante la letanía del poli intenté hablar para explicar que todo era mentira, pero el tal licenciado me hizo señas de que me callara.

Obedecí esperando que cuando terminara el poli me dejaran hablar a mi. Pero cuando el poli terminó, el licenciado le dijo: El Licenciado me barrió de nuevo con la mirada y dijo: Pues métela en los separos 72 horas para que se le quite andar de desobedienteâ?

Tuvieron que llegar otros tres polis y solo de esa manera me sometieron y me pudieron llevar casi a rastras. Me aventaron en una celda muy pequeña de cemento, solo había una saliente de la pared que hacía las veces de cama, también de cemento y un foco de luz amarillenta que medio iluminaba el lugar. Uno de los polis me quitó las esposas y salió; cerraron una pesada puerta de metal que solo tenía una pequeña rendija que se abría desde afuera.

Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad Documental 'Prostitución sin censura'.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos.

Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Se llama evadir tu responsabilidad.

Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse. Tengo muchas experiencias en la prostitución.

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Tiempo de lectura 8 min. La actriz presenta 'La puerta abierta', una película de personajes femeninos, de lucha, de segundas oportunidades enmarcada en el duro ambiente de la prostitución. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad. La Ley de Seguridad Ciudadana castiga de rebote a las prostitutas La 'ley mordaza' sólo castiga, en apariencia, a los "demandantes" de sexo, pero las prostitutas pueden incurrir en desobediencia si lo siguen ofreciendo.

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Me dispuse a hacer la llamada y pregunte cuanto costaba el servicio. Eran dólares la hora y le dije que viniera. Teniendo el dinero uno no pregunta mucho. Al cabo de 15 min. Sin decir una palabra le entregue el dinero en efectivo al Pimp y hice pasar a Adriana. Le ofrecí unos tragos de whiksy y me ofrecí a darme el gusto de verla. Tenía puesto un vestido corto color negro y unos tacones no muy altos para una puta de un mismo color. Se veía que solo se la pasaba con ricachones hijos de puta como yo.

La invite a mi cuarto y la senté en mi cama. La bese y sentí sus labios fríos, sin sentimientos. Me coloque encima de ella mientras que ella cruzaba sus piernas a mi espalda. Me empujaba, me deseaba. Me detuve un momento para quitarme mi camisa y coloque mis manos en sus tetas. Le quite su vestido y ella me quito el pantalón, ella tocaba mi pene estando aun dentro del bóxer. Lo hice hasta que se derritió por completo, tome otros pedazos de hielo y se los coloque en sus senos.

Estaban muy excitados no había la menor duda, toque su sexo y estaba muy mojada. Me dispuse a hacerle sexo oral, quería excitarla, quería que supiera que yo era el que me la estaba cogiendo y no ella a mí. Ella movía su cintura y hacia gemidos, al primer gemido le di una nalgada en el culo y le dije que se callara o iba a despertar a los vecinos. Ella se movía y yo me tragaba todos sus líquidos con mucho placer. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí.

Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí.

Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír.

Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período.

Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta.

Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad Documental 'Prostitución sin censura'.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos.

Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites.

Se llama evadir tu responsabilidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse. Tengo muchas experiencias en la prostitución.

Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas. En Titania Compañía Editorial, S.

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